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miércoles, 22 de enero de 2014

PALIMPSESTOS (Gerard Genette)


Los textos literarios no sólo se componen de palabras ni de oraciones ordenadas, sino también de otros elementos que la hacen enriquecerse, un ejemplo claro es la transtextualidad, término que Gérard Genette da a  todo aquello “que pone al texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos”.

Para ello, Genette propone una clasificación que consta de:

INTERTEXTUALIDAD → Relación de textos en la que uno (o más) está presente en otro. Se manifiesta de diferentes formas: cita, alusión, plagio, alusión.

Un ejemplo clarísimo de intertextualidad mediante la alusión es un fragmento de la caricatura “Padre de Familia”, en donde se aprecia la existencia de un texto basado en un videojuego (con algunas modificaciones) que es el de Mario Bros en el momento que rescata a la princesa.

Aquí está el enlace:



PARATEXTO → Relación menos explícita y más distante presente en el texto, en otras palabras, son los elementos que únicamente rodean y acompañan al texto, ejemplos son “título, subtítulo, intertítulos, prefacios, epílogos, advertencias, prólogos; notas al margen, a pie de página, finales; epígrafes; ilustraciones; fajas, sobrecubierta”, entre otros.

En la obra de Domingo F. Sarmiento, “Facundo: Civilización y Barbarie”, podemos hallar varios paratextos, pues todos los capítulos tienen un título y un epígrafe. El ejemplo que menciono es el capítulo IV de la segunda parte, donde se pueden ver el título del capítulo así como un epígrafe:

CAPÍTULO IV
ENSAYOS. ACCIONES  DEL TALA Y DEL RINCÓN

¡Cuán dilata el día! Porque mañana quiero galopar
diez cuadras sobre un campo sembrado de cadáveres.
Shakespeare

Tal como la hemos pintado, era en 1825 la fisonomía política de la República, cuando el gobierno de Buenos Aires invitó a las provincias a reunirse en un congreso para darse una forma de gobierno general…

METATEXTUALIDAD → Es una especie de comentario, en el cual se relaciona un texto con otro hablando de él sin citarlo o sin nombrarlo.

Considero que en la Biblia se puede encontrar un ejemplo de metatextualidad, éste se encuentra en la Epístola de San Judas en el capítulo 1, versículos 3, 4, 5 y 6.

Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.  Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…

El texto que ha sido subrayado es el comentario que hace Judas, sólo da una idea del texto original, mas no lo explica ni da detalles, es decir, sólo habla de él sin necesidad de citar.

ARCHITEXTUALIDAD → Relación genérica o taxonómica, es decir, señalar relaciones de parentesco a partir de sus características en común.

Estoy casi seguro de que en este tipo de relación podemos hallar las semejanzas que guardan ciertas novelas del romanticismo, tales características permiten clasificarlas como novelas románticas. Por ejemplo, el caso de Las cuitas del joven Werther (Goethe) y María (Jorge Isaacs); ambas comparten elementos como: el amor por una mujer, la exaltación de las emociones y sentimientos, la importancia y descripción de la naturaleza y su asociación con las emociones, la muerte de alguno de los protagonistas como desenlace. 

lunes, 20 de enero de 2014

Análisis de “El Amor” de Eduardo Galeano

Este análisis se hace con base en los estudios de Genette, “Discurso del relato”, pero se hace énfasis en el apartado de la Duración. Genette considera que las obras tienen noción del tiempo, sin embargo presenta algunas dificultades. Cabe mencionar que es necesario hacer la distinción entre tiempo de la historia y tiempo del relato. Asimismo, presenta cuatro movimientos narrativos que son la pausa, escena, sumario y elipsis.

Básicamente, la pausa consiste en espacios que describen lo que sucede en la acción, pero el tiempo de la historia no transcurre o transcurre muy lentamente; en este punto podemos apreciar también las intervenciones del narrador. La escena, es el elemento que corresponde a la igualdad de los tiempos, es decir, lo que se narra va acorde con el tiempo que, en realidad, durarían dichas narraciones.  El sumario es aquella parte que presenta una especie de resumen en pocas palabras de lo que ha acontecido en algún lapso (corto o largo). Por último, la elipsis alude a la supresión del tiempo de la historia.

Dicho esto, pasemos a analizar el cuento titulado El amor.

Desde el inicio del cuento podemos hallar la escena, el narrador nos presenta el lugar, los personajes, sus acciones y sus diálogos:

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
—¿Te han cortado?— preguntó el hombre.
—No— dijo ella. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
—No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció.
Esto da cuenta de que tanto el tiempo de la narración como el tiempo del relato tienen una correspondencia de igualdad.

En el párrafo siguiente podemos percatarnos de que hay un sumario, pues si bien es cierto que no especifica cuánto tiempo la mujer de la historia hizo lo que el hombre le ordenó, sí podemos obtener un resumen de lo que hizo durante ese lapso:

Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él decía:—No te preocupes. 
Inmediatamente después de esto, hallamos una elipsis implícita, pues “el lector debe deducirla dentro de alguna laguna cronológica”:

El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba: — ¡Lo encontré! ¡Lo encontré!Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.— Es así — dijo el hombre, aproximándose a la mujer. 
La elipsis puede hallarse entre el primero y segundo párrafo. No se dice cuánto tiempo ha transcurrido ni cuándo fue esa tarde, pero es claro que el tiempo de la historia ha pasado y ese tiempo ha sido suprimido.

El último fragmento del cuento presenta una pausa, pues un solo suceso está siendo descrito de manera considerable, por ende el tiempo de la historia no transcurre, pero el tiempo del relato, sí: 
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses. 

Por último, me gustaría dejarlos con este cuento para que lo escuchen.


Fuentes:
Genette, Gerard. El discurso del relato. Paris: Editions du Seuil, 1972.
Galeano, Eduardo. “El amor” en Relatos Vertiginosos. México: Alfaguara: 2000.